
Viste la noche su luto final,
se entornan las puertas,
las luces se cubren de brea,
en este instante eterno,
la incesante profecía se adivina llegando,
golpea el pecho desde adentro del cuerpo,
un puño débil, lacerado, impotente, destructivo.
***
Las palabras se arrastran solas,
viven solas, emergen sin voz,
se desintegran y se proyectan,
mientras los labios escupen, crueles,
dictámenes helados.
***
Es la noche definitiva,
es piedad y es goce, es ardor y peligro,
y una daga brota en forma de lengua,
los dientes apretados resuenan en un eco,
el paladar ofrece un ruido hueco,
terminante.
***
Un puente de madera invisible,
potente y pasivo,
nos envuelve y nos abrasa,
y nos devuelve apenas,
la letanía de un propósito,
de un final.
***
Andrés Obal
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