
En la comunión de los cuerpos,
el mal, lo inconfeso, la ambigüedad,
y la vacilación
quedan suspendidas,
derogadas.
***
Un vórtice —potente como huracán arcaico—
absorbe el dolor,
lo transforma en arma inútil,
lo congela,
lo detiene.
***
Pero luego, en la fragmentación,
cuando los cuerpos se separan,
cuando se altera el hechizo,
el vórtice se revierte y devuelve con furia,
con la ira de haber sido retenido,
su magia atómica y negra.
***
Y el horror,
antes en suspenso,
retorna al mundo
como si el eje de la tierra
se abriese de golpe:
fuego sanguinario y
restituido,
brotando como lengua volcánica.
***
El amor es sustantivo inédito,
estímulo sin archivo,
todo lo antes sentido se disuelve:
no hay resonancia,
apenas eco.
***
Como el niño que por primera vez
recibe la calidez estival
y por primera vez
la nombra.
***
Ese fue nuestro destino:
un nuevo día socavó nuestro lazo,
era un amanecer ya en la orilla
de su final.
Era tarde,
y en el breve encuentro nuestros labios
resecos sellaron un pacto inútil.
***
Nos dijimos algo,
no lo recuerdo,
qué importa,
no hay imagen,
solo espera.
***
El abrazo era inútil,
la soledad ya irreversible,
la pausa había llegado urgente,
lacerante, lateral.
***
Como quien vuelve del edén
o de una niebla impura,
yo salí de tu cuerpo enjuto
al mío, solemne y atacado.
***
Las horas vívidas,
como un sueño breve,
cayeron verticales al olvido.
Y al pálpito ardiente,
le sucedió el vacío.
***
En la certeza del deseo,
en el espejo real,
descansa el fundamento
del anhelo.
***
Hay un puente que,
entre el sudor y la fusión,
se rompe,
como si existiese solamente
cuando lo atraviesan viajeros apurados,
cuando los pasos replican su golpe
y anulan el descuido.
***
Me alejo con el pavor del olvido,
como si la ausencia fuera fuego
y el amor, papel.
Temo que lo que dibujamos
se disuelva sin pausa,
como bruma bajo el rayo.
***
Y los cuerpos
se disuelven en la marea cotidiana,
fusionados por la alerta
de un nuevo día
que exige respirar a solas,
plegar el ardor,
descansar la pasión.
***
Y luego callamos,
no por miedo,
sino porque lo habíamos dicho todo
en un idioma sin verbo.
Andrés Obal
Descubre más desde Materia y Verbo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
