
Nombraré las cosas.
Una a una.
Las pondré donde vigilan sus iguales,
junto a sus retumbos,
sus gemelos,
sus sombras de sí.
***
Zapatos.
Libros.
Claveles.
Mapas.
Restos y adminículos.
Quedará sólo lo que inhala,
lo que gravita por dentro,
lo que dice entumecido.
***
Revisaré los márgenes,
los golpes que nadie recoge,
las frases que duermen laterales:
geometría y periferia.
Núcleo que será estrella,
vórtice de otro igual.
***
Iré hacia el rastro,
la huella,
los destellos,
las luciérnagas,
lo escondido.
***
Abriré los caminos encorvados
del alma alerta,
los renglones torcidos.
Desataré los nudos.
Dejaré los hilos tendidos,
paralelos.
***
No veré prisión en el orden.
No temeré la forma.
La forma también es velo,
encarnación,
si se la mira.
***
Desarmaré todo.
Miembro a miembro,
botón a botón.
Las piezas sabrán volver.
Se unirán solas,
no por nervio,
por destino,
por gravedad del alma:
el modo será sustancia y
taxonomía.
***
Átomo y partícula.
Célula y ceniza.
Pétalo.
Nombre:
rosa o cerezo,
crisantemo o caléndula,
margarita o amapola.
Ramo: obituario o seducción.
***
Caos.
Fósil.
Muerte y vida.
Reptil y bestia.
Anfibio y larva.
Primate y prócer.
Sapiens.
Consciencia e idea.
Universo que vuelve al cosmos.
Cuerpo e infinito.
Fuga y retorno.
Iris y sol.
***
Hecha de jirones,
de hilachas,
de polvo que brilla,
la verdad vendrá.
No en tropa.
En susurro.
***
Mi vientre tomará el caos
como aire nuevo.
Lo dejaré entrar.
Convocaré las partes.
No habrá cárcel en su esqueleto.
***
Sólo gesto.
Sólo pulso.
Sólo verdad que se dice
cuando no se fuerza.
Cuando se canta.
***
Dejaré las ventanas
entornadas.
Abriré los umbrales.
Colocaré apenas los rieles,
los cimientos.
***
La luz, así,
se hará vida en lo que ilumina.
***
Los espejos
se volverán la imagen que devuelven.
No habrá ruptura.
***
No habrá verdugo,
habrá lecho.
No habrá final,
sino edén.
***
Andrés Obal
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